El dormía sobre su regazo, sus ojos estaban cerrados haciendo como que soñaba con su querida tierra. Sus manos acariciaban sus alas, su espalda. Ella lloraba desconsoladamente por que sabia que ya nunca mas volvería a verlo, por que sabía que después de ese tiempo, su corazón se había vuelto un frio tempano de hielo inquebrantable. Él dejo de respirar, dejo de sentir. Su cuerpo comenzó a enfriarse poco a poco, sus labios a ponerse pálidos. Su sangre ya no era de vida, su sangre ya no tenía fuerza, ni calor.
Poco a poco se convirtió en arena, se salifico su cuerpo y se disolvió en el aire. Ella lloraba desconsolada, por sus mejillas corrían dos ríos de lagrimas imparables. Su mundo se vino abajo, se disolvió con el aire que se llevo a su amado. Sentía como su soledad la consumía por dentro, como atacaba su corazón en una batalla que sabia que iba a perder antes de empezar. No podía soportar una vez mas volver a sufrir aquello, volver a darse cuenta que por más que lo intentara una y otra vez, siempre salía perdiendo. Ella sabía que el dolor se iría tarde o temprano, que volver a sonreír algún día, aunque ahora le fuera imposible, pero aun así, aun sabiéndolo, su corazón le dolía mas que nunca. Era una de esas noches, una de esas largas y tristes noches, en la que ya solo estaba ella, una vez mas. (more…)

