Vivimos una generación de juegos extraña. Un servidor no puede evitar preguntarse hasta qué punto estamos evolucionando bien. Estamos rodeados de un peculiar parque temático plagado de sensores de movimiento, Kinects, Moves, 3Ds y demás juguetitos que provocan al consumidor y lo inducen a tomar una alternativa más “casual” en favor de nuevas experiencias. Afortunados los que estas experiencias les resulten satisfactorias hasta tal punto de justificar sus compras. Pero a algunos nos sigue gustando el “efecto controller”, ese momento idílico en el que tomamos asiento cómodamente, cogemos el mando y saboreamos viejas nuevas experiencias sentados en nuestro cómodo sofá. La magia de un estudio está en, además de ofrecer originalidad y sofisticación, poder “reinventar lo viejo” para disfrutar lo que hace 10 años disfrutábamos cómo chavales.
Desgraciadamente, un claro exponente de los videojuegos (los juegos de rol o RPG) viven un momento temible: se están extinguiendo. Final Fantasy lucha por convencer todos los días, pero sus propuestas saben a algo refrito y agridulce con jugabilidades endiabladas y pasadas de rosca. Pero para nuestra fortuna, en ocasiones el cielo parece escuchar nuestras plegarias del ocio y nos brinda productos cómo el que hoy tengo el placer de desmenuzar. Bienvenid@s tod@s a la nueva esperanza de los JRPGs: Xenoblade Chronicles.
Xenoblade es una propuesta grande y hay que saber abarcarla con toda nuestra dedicación. Monolith Soft (first party de Nintendo y creadores de los míticos Xenogears, Xenosaga o el magnífico Baten Kaitos) nos regalan una ilusión palpable, un juego que marcaría un antes y un después de no ser por la manera en que Nintendo hace las cosas últimamente (luego comentaremos esto.) Pero centrémonos en su propuesta. Xenoblade nos abre las puertas a un mundo maravilloso, plagado de detalles y vivo cómo nunca antes en un juego de rol, en el que nos embarcaremos en una aventura sin precedentes para no lograr olvidarla jamás. De Xenoblade sorprenden muchos aspectos, y ahora trataré de mencionar su gran mayoría brevemente.
La historia da comienzo con una sorpresa muy especial: Dos titanes ancestrales luchan entre ellos para sobrevivir. Se enzarzan en una pelea en la que finalmente ambos se golpean al mismo tiempo y quedan derrotados para siempre. Los siglos pasan y la vida crece sobre uno de los dos gigantes, que será el mundo del juego que recorreremos. Comenzamos la historia encarnando a un héroe huma (humano) llamado Dunban, portador de la espada sagrada Monado, el única arma capaz de derrotar a los Mekhon, una raza de máquinas inteligentes que trata de exterminar la vida humana por completo. Pero los caprichos del destino marcan que Dunban quede gravemente herido en combate y sea Shulk, el verdadero protagonista de la historia, quién un año más tarde deba utilizar la Monado para destruír a los Mekhon y cambiar el destino del mundo.
Este es solo el planteamiento inicial de una historia larga, compleja y más madura a la que nos tienen acostumbrados los juegos de rol actuales, la cual se aleja de los cánones marcados por los Final Fantasy (ofreciendo experiencias más profundas y filosóficas) para dar lugar a una historia muy bien narrada, perfectamente hilada y conducida hacia la acción desenfrenada. Es todo un gozo ir descubriéndola por la magnífica dirección del proyecto y sobretodo por un guión fresco y sutil que nos permitirá introducirnos en la historia del juego desde el primer minuto de partida.
Cómo siempre en este tipo de juegos, manejaremos a un grupo de héroes que se enfrentan a un destino que (a priori) no son capaces de superar, pero que poco a poco afrontarán todos unidos para dar lugar a un producto fantástico se mire por dónde se mire. Es cierto que el juego no se libra de los tópicos del género, pero desde el primer giro de guión (impactante, por cierto) sentiremos que estamos frente a algo “distinto”.
Si por algo se caracteriza Xenoblade Chronicles es por ofrecer un mundo abierto cómo nunca lo habías visto antes. Debo admitir que es extremadamente grande (tanto que a veces pediréis que se reduzca) por lo que recuerda a los juegos masivos en línea en su tipología de mundo. Pero no os llevéis las manos a la cabeza: Monolith Soft encuentra el elixir del juego al mezclar acertadamente un mundo tan grande pero tan plagado de detalles. Olvida el tamaño: en Xenoblade la sensación que produce detenerse a mirar el paisaje es asombrosa. Todo parece cobrar vida: desde los animales salvajes que campan a su voluntad, hasta los paisajes preciosistas, pasando por bonitos efectos climatológicos (y de transición de día y noche) y sobretodo por un diseño magistral de escenarios. Explorarlos da gusto (recordad la sensación “zelda”). Pero todo esto no tendría ningún sentido si no dispusiéramos de variadas tareas por hacer. Y en eso, señoras y señores, hay que aplaudir al equipo responsable de este monstruo genial: se lo han currado y mucho.
Aparte de una historia principal que nos ocupará alrededor de 60-70 horas de terminar, el juego está plagado de misiones secundarias que nos ofrecerán los NPC’s (No Playable Character’s) y que nos ofrecerán experiencia, objetos y dinero a tutiplén. En Monolith debieron de volverse locos programando y es que posee la friolera cantidad de casi 400 misiones secundarias. A eso hay que sumarle todo tipo de tareas secundarias: recolección de objetos para la Colecciopedia (con premios incluidos), creación de gemas (para encastar en nuestro equipo y fortalecer nuestras propiedades tales como PV, Magia, Defensa, etc.), conseguir entablar todas las Conversaciones entre personajes (puntos dónde dos personajes del grupo mantendrán una conversación íntima, ganando puntos de afinidad) y por si fuera poco, aún nos quedará completar todo el Afinigrama, una genialidad que una vez más hay que aplaudirle a un estudio con ganas de currar que se notan. El Afinigrama muestra, ni más ni menos, la afinidad que comparten los personajes que conocemos durante nuestra historia entre ellos. No, no solamente los del grupo… ¡¡sino los de todo el mundo!!
Completando la afinidad entre personas, podremos acceder a información más interesante acerca de la vida de la gente, secretos bien guardados o alguna que otra recompensa muy especial. Ganando dinero en los combates podremos comprar nuevo equipamiento para nuestros personajes, con los que potenciaremos todas sus habilidades. Además, podremos obtener equipamiento en las misiones o explorando el mundo, y dependiendo de como vayamos vestidos en los vídeos se mostrarán nuestros atuendos equipados. También podremos encastar gemas potenciadoras para aumentar sus poderes y participar en un curioso minijuego de creación de gemas. Para acabar de redondear, existe un minijuego del que no hablaré para que descubráis vosotros mismos, relacionado con la “contrucción“. Cómo véis, cuando la gente tiene ganas de currar se nota, y los creadores de este juego de rol demuestran querer ser los mejores en todos los aspectos del juego.
Comentemos ahora el combate. Monolith y su sombrero mágico, se sacan de la chistera una nueva genialidad para este apartado. Cierto es que no es el mejor sistema visto jamás, pero consiguen un tipo de combate rápido, ameno y sobretodo diferente que recuerda a algunos juegos de rol masivos en línea o al mismísimo Final Fantasy XII. Entrando en combate, descubriremos que nuestro personaje hace uso del ataque “normal” de forma automática y siempre que no estemos haciendo nada más. Podremos mover libremente al personaje alrededor del enemigo, colocándonos delante, detrás o a los lados. Nuestra tarea principal consistirá en ejecutar las Artes del personaje de forma contínua pero estratégica, una suerte de ataques especiales de cada combatiente que inflingirán daño extra al atacar por alguno de los costados mencionados anteriormente, provocando mucho daño, restaurando vida, inflingiendo daños mágicos o estados alterados, etc. Las Artes necesitarán de un breve tiempo de recuperación para volver a ser utilizadas. En función de nuestro combate, iremos sumando rabia que provocará que el daño inflingido sea mayor pero que el enemigo se fije en nosotros como objetivo de sus ataques.
Durante el combate se nos pedirá pulsar el botón B en el momento adecuado (al estilo QTE) para aumentar la rabia o la barra de grupo, que cuando se llena por completo te da la opción a desencadenar un poderoso ataque en cadena utilizando a los tres personajes que tengamos en el equipo (cómo máximo). Cabe mencionar que en este juego no existen los objetos de recuperación o de resurrección, y es que para resucitar a un aliado caído bastará con acercarse a él y pulsar el botón B, gastando uno de los tres fragmentos acumulados de la barra de grupo. Y cómo en cualquier juego de rol que se precie, ganando combate adquiriremos experiencia con la que subiremos de nivel, aprenderemos nuevas e interesantes habilidades y gastaremos los puntos de batalla obtenidos para poteciarlas y optimizarlas. El progreso de los personajes es largo y complejo, y ofrece multitud de opciones de personalización para todos los gustos. Y este es básicamente el combate en Xenoblade, un frenético torbellino de artes especiales, QTE’s por doquier, magia y todo tipo de habilidades que le otorgan una particularidad y un color muy especial.
Quizás el único punto negativo del juego deba adjudicársele a su apartado gráfico. El juego goza de unos paisajes preciosistas, llenos de colorido y con abundantes detalles y monstruos en movimiento (se nota que han sabido explotar a la “blanquita” de Nintendo en cuanto a rendimiento) pero desgraciadamente Wii ha tocado techo hace algún tiempo y eso no deja de pasarle factura una y otra vez. Se nota el mimo puesto desde Monolith Soft para conseguir un mundo enorme repleto de detalles, pero para eso parece que el sacrificio técnico era considerable. Desde aquí aplaudo la decisión (prefiero un mundo bello y grande a un “pasillo” con gráficos next-gen, muchos sabréis a qué juego me refiero) Y creedme si os digo que la llanura de Final Fantasy XIII se queda en “pañales” frente a los bastos territorios de Xenoblade. Olvidaos de su calidad técnica y disfrutad de esta joya increíble.
Si en algo (más) puede destacar este titán jugable es en su inmejorable apartado sonoro. Además de poseer unos excelentes temas musicales dignos de la “época dorada” de Squaresoft que te harán vibrar junto a su magnífica historia, el doblaje del juego es más que aceptable en sus dos vertientes disponibles, inglés y japonés, quedándome yo con la primera. A excepción de alguna interpretación (escúchese la voz de Reyn) todas brillan y concuerdan perfectamente con su cometido: introducirnos aún más en su mundo único. Destacar la voz de Dunban por su potente hombría, una de mis favoritas.
Xenoblade Chronicles es el mejor juego de rol que recuerdo en los últimos años. Si Lost Odyssey me pareció una auténtica gozada, este Xenoblade y su abalancha de contenido, jugabilidad y duración lo dejan a la altura del betún. Una historia interesante, inesperada y que engancha de principio a fin (excepto un par de altibajos puntuales) con una duración superior a las 70h, duplicándolas si queremos realizar las más de 400 misiones secundarias, tareas de recolección, completar las conversaciones o el Afinigrama, un curioso minijuego de reconstrucción y explorar al 100% sus bastos mundos. Un puñetazo encima de la mesa por parte de Monolith Soft que con maestría recuerda que lo “viejo” puede reinventarse, porque Xenoblade no es más que eso: una reagrupación de viejos conceptos para modernizarlos y ofrecer un producto redondo y completo. Una experiencia fantástica que deja un sabor de boca inigualable. Un imprescindible para Wii obligado a todos los amantes del buen rol japonés. El sleeper del año sin ninguna duda.