Con la llegada de las 3D al mundo de los videojuegos se inauguró una nueva forma de ver los juegos de lucha. Hasta ese momento el género estaba claramente definido y todo el mundo se limitaba a repetir la fórmula de Street Fighter, variando personajes y golpes.
Con PSX y Saturn llegó el momento de dar un paso técnico adelante y apareciendo franquicias como Virtua Fighter, Battle Arena Toshiden y Tekken.
Ahora, casi quince años después, ve la luz el Tekken más completo hasta la fecha, Tekken Tag Tounament 2, con juego online, decenas de personajes… Mucho ha llovido desde los vicios con mis amigos a Tekken 2 y Tekken 3.
Y es que a pocos juegos de lucha he jugado en mi vida, pero dos de ellos fueron estos dos juegos para PSX y fue por culpa de mis amigos.
Lo que nos gustaba de Tekken era su espectacularidad y complejidad. Cada uno tenía a dos o tres luchadores que controlaba con fluidez y que todos abucheábamos cuando le tocaba en el random (porque jugábamos en random). En mi caso, mis dos luchadores eran Yoshimitsu y Baek en el Tekken 2, al que luego añadí a Bryan en el Tekken 3, enamorado de sus fortísimos golpes y su carcajada cada vez que conseguía un golpe contundente.
Todavía recuerdo con cariño (y cierto recochineo) aquella tarde en la que conseguí sobrevivir siete rondas seguidas con Bryan bajo mis órdenes, destrozando a mis amigos, que no veían cómo detener a mi titán. Para una persona que siempre ha sido bastante paquete en este tipo de juegos fue una proeza sin igual.
Pero, sin duda, mis mejores recuerdos de Tekken son manejando a Yoshimitsu y su espada mortal. Adoraba su mezcla de fuerza y rapidez, su movilidad sobre el terreno, saltando, teletransportándose, con ataques fulgurantes. Me acuerdo de los golpes giratorios, perfectos para cuando el adversario caía al suelo; de su terrible espada, con la que remataba los combos y, sobre todo, de la cara de tonto que se le quedaba al adversario cuando hacías la técnica del harakiri y le pillabas. Una técnica arriesgada, pero que bien ejecutaba podía convertir una derrota en un empate, incluso en una victoria si tenías ojo y querías acabar con chulería.
Pero Tekken era más que personajes molones. Era aprender el combo del rival para saber cómo detener sus golpes, saber leer cuándo te iban a coger para contraatacar y anular la presa (clave cuando te enfrentabas a King), saber cuándo dar un par de pasos atrás, conocer la longitud de los ataques de tu personaje y, sobre todo, no tener miedo de probar nuevos personajes (de ahí el modo random y las risas cuando te tocaba al profesor Boskonovitch o a Roger).
Tengo que reconocer que hace mucho tiempo que no me pongo a los mandos de un Tekken, desde Tekken 5, y que he perdido mucha práctica y el hilo de lo que ha ido pasando a la saga.
Pero Tekken Tag Tournament 2 me ha llamado la atención. Puede que sea un toque a la nostalgia, que vuelvo a estar preparado para embarcarme en un juego de lucha o, sencillamente, la idea de ver a Jim Kazama con el traje de Link es demasiado fuerte como para dejarla pasar. Mi único miedo es pensar en las palizas que recibiré en el online.
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