Título: Running Out Of Time 2
Título original: Am Zin 2
Dirección: Johnnie To, Wing-Cheong Lang
País: Corea. Año: 2001.
Duración: 95 min.
Género: Thriller, policiaca.
Interpretación: Ching Wan Lau (Inspector Ho), Ekin Cheng (Ladrón), Kelly Lin (Teresa), Lam Suet (Ken) Shiu Hung Hui (Ayudante del Comisario Wong Kai Fat).
Guión: Nai-Hoi Yao
Estreno en España: Directa a DVD
Sinopsis : El inspector Ho de la policía de Hong Kong ha de enfrentarse a un misterioso ladrón que ha robado varias obras de arte, y ahora intenta chantajear a la empresa aseguradora de las obras.
¿En qué estaba pensando Johnnie To? Esa es la pregunta que me viene a la cabeza al acabar de ver Running Out Of Time 2. Y es que cuesta creer que To haya sido capaz de transformar uno de las mejores cintas Hongkonesas de los 90, en una secuela digna de ocupar las estanterías más recónditas de un videoclub de barrio.
Pongámonos en antecedentes. En 1999, Johnnie To dirige Running Out Of Time, un thriller policiaco en el que un inspector de policía (Lau Ching-Wan) trata de detener a un ladrón que sufre una enfermedad terminal y que quiere dar un último golpe antes de morir (Andy Lau). Fantástico guión, un dúo protagonista con mucho carisma, y todo con ese estilo particular que pone To en todas sus películas. Sólo dos años después, To se pone manos a la obra con su secuela, tomando bases similares: Esta vez el inspector Ho se enfrenta a un enigmático ladrón (Ekin Cheng), que tras robar unas obras de arte, chantajea a la empresa aseguradora. A partir de ahí, uno de los mayores despropósitos que he tenido la desgracia de sufrir en los últimos años. Y es que no hay lugar por donde coger la cinta, pareciendo más una parodia (mala) de su antecesora, que una auténtica secuela.
Para empezar, el guión es un sinsentido. Gran parte de la culpa de esta catástrofe recae en el personaje del “villano” (lo entrecomillo porque en ningún momento se dice su nombre). Para empezar, en ningún momento queda claro el motivo de sus actos: no trata sólo de obtener dinero, sino que se pasa la película mareando a la policía (y al espectador) con peticiones tan absurdas como que le entreguen dinero fotocopiado en vez de dinero real, que consiga el dinero para luego devolverlo, y por encima de todo, que el inspector Ho esté al corriente de cualquier movimiento que vaya a hacer, para luego darle en los morros. ¿Aires de grandeza? ¿Necesidad de llamar la atención? En ningún momento se explica, pero todo este rollo de “estoy en tal sitio, venid que escaparé en vuestra propia cara” resulta absurdo y aburrido.
Pero sigamos con el papel del villano, que parece sacado de un anime. En un principio parece ser un ladrón de guante blanco, pero luego resulta ser un mago que se cree Robin Hood. Y es que entre sus hazañas se encuentran el tirarse de un rascacielos y caer como si nada, desvanecerse de un coche o quitarse unas esposas sin ni siquiera tocarlas. Habrá alguna explicación de todo esto conforme avance la película, pensará alguno. Creedme, no la hay. Si a esto le sumamos su rollo moderno y cool, parece el Cyril Takayama hongkonés.
Más allá de esto, el despropósito continúa. Las buenas escenas de acción de la primera parte se han visto sustituidas por situaciones completamente estáticas, y un par de persecuciones que rozan el surrealismo (para enmarcar la carrera en bici que se marcan, tras verla te preguntas si no te has equivocado de cinta y has puesto alguna comedia estilo Aterriza como puedas).
En cuanto al reparto, lo único medianamente positivo es Lau Ching-Wan, que lleva con dignidad el personaje del inspector Ho, aunque está por debajo de la primera entrega. Todo el que le rodea, horrible. Empezando por el malo (Ekin Cheng), cuyo mayor logro es aguantar una sonrisa durante toda la película (da igual que se pegue una maratón corriendo, siempre estará dispuesto a esbozar una sonrisa). Luego está el ayudante del comisario (Hui Shiu Hung), pasable en la primera entrega, y que parece que entre película y película ha sufrido algún tipo conmoción cerebral, porque no se explica de otra forma que se haya convertido en un auténtico bufón incapaz de dar una a derechas. Kelly Lin sigue el patrón femenino de las cintas de Johnnie To: fría y sin un ápice de carisma o expresividad, podrían haberle puesto un saco en la cabeza que nadie notaría la diferencia. Y para completar el elenco, el actor fetiche de To: Lam Suet. Y es que no hay película de To en la que no tenga un papel. Aunque en este caso, sea un papel completamente intranscendente y sobrante, tan patético como el del ayudante del comisario, y que su único valor es dar una “moraleja” que no aporta nada a la cinta.
El resto, siguiendo la estética habitual de To: escenarios oscuros, banda sonora basada en un único tema principal (bastante grandilocuente) que se repite una y otra vez, tramos en los que los personajes hablan en inglés, referencias a Francia…
Running Out Of Time 2 no sólo es un insulto al original. En sí misma, es una aberración de película, con situaciones ridículas, personajes desquiciantes y un final que te deja con cara de tonto. Había mil formas diferentes de plantear esta secuela, y cualquiera de ellas hubiese sido mejor que esta. El único motivo por el que no se lleva peor nota es por mi aprecio por el personaje del inspector Ho.
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