Vuelve la Tierramediamanía. Después de muchos años de dimes y diretes, de cambios en la dirección e intervenciones del gobierno neozelandés por fin hemos visto hoy el primer tráiler de El Hobbit el cuento largo que sirve de Prólogo a El Señor de los Anillos. Y viene de la mano del de siempre: Peter Jackson.
Jesús se ha puesto a dar botes de alegría y a fliparse como un niño chico con el tráiler. Qué bonita es la inocencia. Yo, en cambio, soy un ringer furibundo, pijotero y cascarrabias que cree que lo peor que le pudo pasar a la obra de Tolkien es que cayera en las manos del señor Jackson. Y, por lo que he podido ver, El Hobbit promete seguir la estela de despropósitos que se inició desde el momento en que Tom Bombadil y los tumularios no aparecen, Arwen sustituye al grandioso Glorfindel y Nársil/Andúril permanece hecha pedazos en la casa de Elrond, en vez de en la cintura de Aragorn.
Los defensores dirán lo de siempre: es una adaptación, no se puede llevar el libro tal cual… Y tienen toda la razón del mundo. Llevar la obra de Tolkien a la gran pantalla tal cual es imposible e inabarcable. Hablamos de otro medio de comunicación que se rige bajo otras normas y es necesario introducir cambios. Ahora bien, por lo que no paso es que dichos cambios choquen frontalmente con la intención original del autor, traicionando el espíritu de la saga. Y Peter Jackson todo lo que toca lo corrompe, tuerce, marchita y malogra, cual Señor Oscuro.
Para Peter Jackson los enanos tienen orejas de elfo
Lo que he visto en el tráiler de El Hobbit es una aventura épica y grandiosa. Enormes paisajes, señores poderosos de la Tierra Media, nobleza y solemnidad enanil y un primer plano del Anillo Único (como siempre, chupando cámara). Es decir, exactamente lo contrario de lo que es El Hobbit. Pero, ¿cómo iba el señor Jackson a hacer estas películas (porque son dos) sin darle a la gente lo que ya espera de Tolkien? El gran público piensa en El Señor de los Anillos y se queda con batallas multitudinarias, elfos ninja acróbatas invencibles, a Gollum discutiendo consigo mismo sobre si FIFA es mejor que el Pro y bestias fantásticas que chillan (ains).
Me pareció una buena idea que junto a la historia de El Hobbit, Jackson empleara metraje en explicarnos qué hacían los grandes poderes mientras tanto. En el cuento, Tolkien nos menciona de pasada al Nigromante del Bosquenegro y que su Orden lo ha expulsado. Es una mención, casi un pie de página, porque la historia en realidad va sobre un niño que se convierte en hombre, sobre la astucia sobre la fuerza bruta, sobre la amistad y la lealtad. Es un cuento con moralina con el sabor de las mitologías nórdicas. Tenemos elfos traviesos y alegres que bromean y se burlan (al más puro estilo de Shakespeare), magos misteriosos, dragones con tesoros, monstruos gigantes y amigos tan peligrosos como los enemigos y enemigos que en realidad deberían ser amigos. Y sí, hay un anillo. Y sí, es muy importante en la historia. Pero no, señor Jackson, el lector no sospecha en ningún momento qué es lo encuentra Bilbo en las raíces de las Montañas.
Y eso es lo que Peter Jackson parece que quiere conseguir. Quiere que el Hobbit sea algo épico y grandioso. Y centrará la historia en el Concilio Blanco, en Dol Guldur, en una lucha intrépida contra los tres Trolls, los trasgos de las montañas y, como colofón, la Batalla de los Cinco Ejércitos, en la que habrá máquinas de asedio, bestias increíbles y algún olifante suelto.
Y le aplaudirán y todo.
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