Cuando vi que en Watakshi había una sección de cine, fueron tres las películas en las que pensé para estrenarme en esta sección. Todas tenían un elemento en común: estaban dirigidas por Billy Wilder, al que espero dedicarle un especial algún día. Finalmente, me decanté por “El Crepúsculo de los Dioses” ya que trata del mismo mundo del cine y lo muestra de una manera que ninguna otra película ha sido capaz.
Joe Gillis es un joven guionista acosado por sus acreedores, huyendo de ellos sufre una avería en su coche y se refugia en una mansión que cree abandona en Sunset Boulevard. La mansión pertenece a Norma Desmond antigua estrella del cine mudo, que vive en compañía de Max, su criado. La situación financiera de Joe le lleva a aceptar la propuesta de Norma Desmond para que le corrija un guión que ella misma estaba realizando, con el que pretende un triunfal regreso al mundo del cine.
La película pertenece al género del drama y del cine negro. Puede ser considerada como una gran metáfora en si misma, como ya indica su mismo nombre (Boulevard del ocaso). Gloria Swason, encargada del papel de Norma Desmond, comparte vida con su personaje, ya que se trataba de una gran actriz del cine que vio el fin de su carrera con la llegada del sonoro. Erich von Stroheim, conocido director de cine mudo que dirigió a la misma Gloria Swason, interpreta a Max en la película, tiene un importante papel en la trama.
Hay que destacar también la presencia de otras estrellas del cine mudo como Buster Keaton, que aparece fugazmente en una partida de cartas que Norma Desmond organiza con viejos amigos suyos (a las que Joe Gillis llama “estatuas de cera”) y también, la presencia de Cecil DeMille (se interpreta a sí mismo) del que Norma Desmond espera que dirija su estelar regreso al mundo del cine. En una de las escenas, veremos a Cecil DeMille dirigiendo una película real (”Sanson y Dalida”) en un plató real y también veremos los estudios de la Paramount tal y como eran por aquel entonces. Durante la trama hay muchos guiños al mundo del cine mediante citas de los personajes.
La película nos muestra de una manera irónica y hasta emotiva, todas los entresijos y todas las miserias de Hollywood, esto le costó a Wilder más de una critica. No sería capaz de nombrar ningún aspecto en el que la película no sea brillante. Tiene unas intepretaciones magistrales, en las que destaco especialmente el papelón de Gloria Swason y cuenta con un guión que tiene frases memorables que se nos quedarán grabadas (“Aún soy grande, es el cine el que se ha vuelto pequeño”, “No me hace falta guión, puedo decirlo todo con una mirada”).
Por primera vez en el mundo del cine, la historia de la película nos la narra un muerto a modo de flash-back (esto se sabe al minuto de película, no es ningún spoiler). En la narración visual, destaca especialmente el plano contra picado de la piscina al inicio de la película. Esta particular forma de contar la historia, unida a la fuerza visual de las primeras escenas, logran enganchar al espectador desde el inicio de la cinta. Su última escena sigue estando considerada como una de las mejores de la historia del cine.
Su temática, su historia que podría ser considerada casi como un documental, la maestría de su ritmo y su diálogo, la convierten en una película inolvidable, a la que no le afecta el paso de los años.
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