
Se sentÃa impotente, todos los demás ya habÃan alzado el vuelo y él se quedaba en tierra. La batalla lo habÃa dejado herido y el poco hilo de vida que le quedaba se iba pagando lentamente, al igual que su esperanza. De sus ojos comenzaron a caer lagrimas de rabia e impotencia, su alma comenzó a gritar en silencio en un idioma solo inteligible para el mismo. Horrorizado contemplo las palmas de sus manos llenas de sangre, de su propia sangre.
Comprendió entonces que todo estaba perdido, que tendrÃa que prescindir de todos aquellos sueños, de todas aquellas oportunidades que se le iban a presentar. Lo intento una vez más, intento por todos los medios batir sus alas, pero le fue imposible. Volvió a caer estrepitosamente contra la dura roca del suelo. Y alli se quedo tendido, con los ojos abiertos mirando al infinito, sin nada que pensar, sin ningún sueño que realizar, comprendió que en esos momentos antes de dormir… ya nada importaba.
Sus lágrimas seguÃan brotando sin poder hacer nada para evitarlo. Sin apenas darse cuenta, comenzó a sentir que cada vez pesaban más, que arañaban su frágil cara conforme caian. Al tocarse la cara, su dolor se extendió por todas sus manos. Mirandoselas, se dio cuenta que se estaban convirtiendo poco a poco en piedra, y es que sus lagrimas habÃan hecho que el circulo se completara, volverÃa a ser lo que antaño fue.
Poco a poco sentÃa como el frió le recorrÃa todo su cuerpo y podÃa ver con impotencia como se iba convirtiendo poco a poco en una piedra frÃa y dura. Dejo de sentir, dejo de padecer, pero nunca dejo de querer. Fue aquello lo que más se resistió a convertirse en piedra, lo que le dio un rayo de esperanza hasta el ultimo momento. Pensaba que él volverÃa con aquello que más falta le hacia en aquellos momento.
Pero él nunca apareció, nunca volvió con su amor para salvar el corazón de aquel pobre ángel. Después de miles y miles de batallas ganadas, perdió la más importante, la más desafiante. Su amor pudo con él, su esperanza en su amado lo llevo a esperar hasta el ultimo momento, confiándole su propia vida. Algo que por desgracia lo llevo a convertirse en la frÃa estatua que es hoy en dÃa…
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